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Impacto de la disfagia pediátrica en el desarrollo de la función alimentaria

Cuando un neonato presenta  disfagia, debido (entre otras causas)  a prematurez, lesión cerebral, malformaciones cráneo-faciales etc., se recurren a vías alternativas de alimentación (no orales) que siempre son pensadas como temporales.

Cuando se trata de niños con impedimentos múltiples, no siempre se interviene tempranamente en la deglución, debido a que en esos momentos, existen otras prioridades que tienen que ver con el sostenimiento de las funciones vitales. Son niños altamente agredidos, física y sensorialmente. Y lo más relevante es que  son privados del amamantamiento, con la pérdida de todos sus beneficios, como por ejemplo: la posibilidad de autoregularse, de establecer ritmos de succión-respiración, de extraer el alimento del  pezón materno,  que está perfectamente diseñado para su boca, de sentir placer, de desarrollar adecuadamente la sensibilidad peri e intra oral etc. Estos niños son alimentados de manera instrumental  muy tempranamente, con mamaderas, cucharitas, vasitos o jeringas etc. 

Como es bien sabido, el desempeño motor durante todo el desarrollo, determina la forma del sistema òsteo- muscular. Las características funcionales y anatómicas de la boca de una persona, son producto de la experiencia del desarrollo exclusiva de cada niño.

La boca es más que un órgano integrante del sistema digestivo. Tal como refiere el DR  James Bosma (pionero en la  investigación de la fisiología de la deglución)”…La boca está primariamente preparada para la exploración y secundariamente para la alimentación, y presenta más inervación sensorial que cualquier otra parte del cuerpo…” Durante todo el período del desarrollo, el sentido del gusto y las sensaciones orales de las texturas contribuyen a configurar las preferencias dietéticas y los patrones de alimentación. Sin olvidar que la experiencia oral de la alimentación es completada por la olfación.

Malas experiencias alimentarias también contribuyen al desarrollo de trastornos en la conducta, ya que la hora  de comer, lejos de ser un momento de placer, es un momento absolutamente perturbador.

No es poco frecuente ver: rechazo total  al alimento, berrinches, llanto,  falta de asociación de la alimentación con placer, arcadas y vómitos ante la presencia de alimento.

La función alimentaria se ve impactada   entre otras cosas, por: la manipulación y colocación de  sondas, ahogos y sensación de sofocación, dolor, malformaciones de paladar y de la mordida, hipotonía labial que impide el cierre bucal, etc. Transformando el transito oral y faríngeo del alimento,  en una verdadera odisea motora y sensorial. A esto también podemos agregar la ingesta de medicaciones con sabor desagradable, la presencia de reflujo gastro esofágico y las dietas  hipercalórica o cetogénicas, que no siempre son agradables.

Toda intervención terapéutica sobre la boca debe siempre tenerla en cuenta como un órgano principalmente sensitivo y sensorial. Como terapeutas en esta área debemos ser muy cuidadosos y más que nada, respetuosos de cualquier intervención que implique la boca o el rostro. Siempre pedir permiso  y anticipar al paciente si vamos a manipular estructuras peri o intraorales  y hacerlo  de manera suave y mediante el juego.

Antes de dar indicaciones es primordial observar y escuchar cuidadosamente tanto las estrategias espontáneas que tiene la mamá para alimentar al niño, como  las compensaciones espontaneas del  propio niño, también es importante observar el tipo de alimentos que recibe, éste debe tener buen sabor, buen olor y ser agradable a la vista. Es necesario brindarle las herramientas para poder anticiparle el acto alimentario, mediante el lenguaje, la olfación y el juego con el alimento. Los instrumentos utilizados también tienen que ser  atractivos, cucharas con colores, vasos con asas, con luces  etc. 

Tranquilizar a la mamá, la cual  siempre tiene temores, porque ha presenciado momentos de ahogos y tensiones. Es fundamental que encuentren un momento y una postura cómoda para ambos, al momento del acto alimentario. Muchas veces, como terapeutas intentamos corregir o indicar posturas supuestamente adecuadas o “alineadas” para la alimentación , pero que no es lo más confortable, ni para la mamá ni para el paciente ; parafraseando  el Dr Juan Brondo,  “no quitarle al niño lo que ya tiene si no tenemos algo mejor para ofrecerle”. 

Para concluir, un niño con disfagia no sólo presenta un compromiso en las tres fases del proceso deglutorio, sino también verá comprometida su estructura orofacial y su relación con el alimento. Por lo tanto requiere de un plan de tratamiento individualizado que tome en cuenta también al entorno familiar. Éste debe planificarse teniendo total conocimiento del desarrollo normal de los procesos que involucran la deglución y sus desvíos en el desarrollo. Los tratamientos basados en una técnica aislada, rara vez son exitosos, siempre hay que tener en cuenta los múltiples factores que influyen en la función alimentaria y abordar el problema con una mirada interdisciplinaria. 

LIc. Ma. Silvina Maiorano
Mat. 662/2º

Colegio de Fonoaudiologos de Rosario