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Avatares en la Clínica con Niños

Comenzaré por hacer explícito el significado de esta palabra y los diferentes significados que posee en un breve recorrido etimológico.

Este término posee y ha poseído diferente significados en el transcurso de la historia, correspondiéndose dichas diferencias  a los distintos momentos y  a aquellos referentes históricos que ha habitado.

Importa resaltar que dichos significados, a pesar de  las transformaciones  que han sufrido,  mantienen un lazo, un rasgo de identidad que puede ser rastreado desde  su origen hasta la actualidad.

Este término, originado en el seno de la religión hindú significa “la manisfestación corporal de una deidad”. Resaltaré el término manifestación dado que  el mismo expresa que  dicha deidad se presenta como alguien igual en un sentido pero diferente al resto de la humanidad  y que dicha manifestación se evidencia como  una situación inesperada, imprevisible.

Transcurrida la historia, la modificación de los contextos, del significado y el uso de las palabras, asistimos a un significado actual como el de “vicisitud  o incidente inesperado, imprevisible” que atraviesa cualquier realidad o hecho de la vida personal  o social.

En la actualidad podemos escuchar que el término avatar  también  es utilizado en  el campo de la informática como  la “representación “gráfica”  que en el  ámbito de Internet se  asocia a un usuario para su identificación  en el mundo virtual (una foto, dibujos). ¿Se manifiesta?  ¿Se da a ver? Podemos pensar en cierta analogía con lo que sucede en determinadas circunstancias   en  el relato de determinados hechos sucedidos en la historia de un niño que presenta problemas en su lenguaje, su forma de hablar, su comunicación y se nos presentan imprevistamente, inesperadamente en una entrevista con los padres o en las actividades que el niño realiza o no realiza en la intimidad del consultorio, por ejemplo?

Podemos reconocer que existe una gran diferencia,  entre la realización de una primer entrevista, un primer encuentro  con un niño, situaciones estas en las que cuando    son excesivamente  protocolarizadas no permiten el acceso a identificar lo inesperado, aquello que manifiesta lo particular de lo que al niño le está sucediendo en y con su lenguaje, sus comunicación, que en algunos casos solo se manifiestan a través de sus silencios y sus esquivas miradas, hechos estos que de manera imprevista nos   puede orientar a la causalidad de una   determinada problemática.

Que espacio de silencios, de escucha otorgamos a padres y niños para que puedan sorprendernos con  diferentes tipos de datos de la historia que refiere a ese niño, la de sus padres y/o parientes.

No nos hace a veces sentirnos vulnerables aquello que no preveíamos dado que nos abocamos más al registro de datos cuya coherencia nos permita dar cuenta de una patología??

Cuando esta vulnerabilidad nos toma, retomamos nuestra postura desde el supuesto saber, sin dar lugar a lo imprevisto ya que tendemos a avasallar con preguntas debido a que  urgen sean contestadas, para situar la problemática, ponerle un nombre que nos permita identificar un estado patológico, siendo lo imprevisto no escuchado. Debemos saber que tiene ese niño, debemos informarlo (a la escuela, al neurólogo )e intervenir de acuerdo a aquello que hemos aprendido.

De esta manera, creo, no se da espacio a los avatares, los imprevistos, a lo particular de la problemática de ese niño , a historizar dicha  problemática, la cual ha determinado  la consulta ,De esta manera quedará excluido aquello que no pertenece a nuestro propio campo de saber, a nuestras  incumbencias que como mandatos no nos permiten incluir pensamientos o decires pertenecientes o tomados “de prestado” a  otros campos de dicho saber.

 Entonces, preguntémonos, si  la interdisciplina no es en los hechos, solo son palabras, cuáles pueden ser las consecuencias?  Corremos el riesgo de despedazar a ese niño en tantas partes como afectaciones de campos podría suponerle un diagnóstico.

Saber y poder escuchar, observar, sostener, abstenerse, son condiciones básicas en lo que respecta a la creación de un camino de cura que no implicaría, ni mucho menos la resolución de síntomas, sino poder encontrar y encontrase con ese niño, con esas manifestaciones imprevistas, con los avatares de su  historia reconstruida en el relato de la misma.

Tomemos otros ejemplos,  mientras el niño juega preguntamos, qué es esto?, como se llama? De qué color es? Para qué sirve?, o, pretender evaluar si comprende( ¿Qué?¿ en qué situación, en qué contexto emocional del niño y su particular historia) Alcánzame la lapicera que esta sobre el escritorio.

Propongo tomar de la mano a este pequeño avatar con todas las situaciones azarosas, personales y particulares que ya ha atravesado para acompañarlo a recorrer ese camino que le permita encontrarse en lo que puede y en lo que no. De esta manera quizás surja otro deseo en él, deseo de vivir con mayor bienestar, de acceso a las “ganas de hablar”, de jugar”, “de decir” de encontrar la forma de corregir sus errores articulatorios.

Vamos con y por ese pequeño AVATAR, L@s convoco a esta difícil y simple tarea porque creo  que algo; y no poco de esto ES POSIBLE.

GRACIAS  A QUIENES LEAN ESTE TEXO  Y  QUIERAN  APROXIMARSE A LO QUE EN EL INTENTO DECIR.

Ana Baldoma

Prof. Titular por concurso – Cátedra “lenguaje y aprendizaje” – Esc. Fonoaudiología –U.N.R.
Ex Directora de Escuela de Fonoaudiología – Fac. Medicina U.N.R. – Períodos 1.994/98 – 1998/2002.
Miembro equipo de Coordinación del  C.E.A. ( Centro Educativo Asistencial) dependiente del IUNIR (Instituto Universitario Italiano en Rosario.

 

Colegio de Fonoaudiologos de Rosario