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El compromiso habilitador de la Comunicación Fluida

Fga. Silvana C. Perfumo
Fundación para la Tartamudez
Rosario

La Fundación para la Tartamudez, conocida actualmente como “Fundación para la Comunicación Fluida – Tartamudez de Rosario”; tiene vida desde el año 2002, cuando se constituyó y obtuvo personería jurídica en el año 2004.

Actualmente, y específicamente desde el año 2014, desarrolla sus actividades direccionándose a la prevención de la tartamudez en las edades tempranas, como principal objetivo; Ello sin descuidar los distintos emergentes sociales relacionados con la temática, en todas las edades, y para lo cual también viene desarrollando actividades afines desde sus inicios.

La Comunicación Fluida (Perfumo 2012): “Es un proceso complejo de  interacciones lingüísticas discursivas que se habilita con compromiso, espontaneidad, comodidad, facilidad y creatividad”. Es un enfoque o posicionamiento eminentemente social, para la prevención y abordaje terapéutico de la tartamudez, que involucra los vínculos y contextos comunicativos de niños, preadolescentes y adolescentes con trabas/ tartamudez,  inclusivo de familias, profesionales, docentes, etc., donde  la reflexión, la re-significación y la vivencia constituyen los ejes del proceso.

Éste enfoque deriva del estudio y la articulación de disciplinas como la psicolingüística, la psicología social y el trabajo corporal derivado del teatro; y por supuesto del trabajo que venimos realizando en la Fundación durante 16 años a través de consultas abiertas y gratuitas a la comunidad, y distintas charlas y talleres destinados a padres, docentes, niños, preadolescentes, adolescentes y profesionales de la salud y de la educación. El mismo se sustenta ampliamente en los escritos e investigaciones científicas sobre Fluidez y Tartamudez de la Dra. en  Psgía. Social y Fonoaudióloga Silvia Friedman (Núcleo de Estudios y Pesquisas en fluidez- NEPFF), como así  también de  las publicaciones e investigaciones científicas del Psgo. Pedro Rodriguez; (Asociación Iberoamericana de Tartamudez).

Por lo tanto, como fonoaudióloga, reflexiono sobre las necesidades sociales que atraviesan las personas con dificultades en la comunicación, como es el caso de las “trabas” - tartamudez; refiriéndome así a personas que se expresan como pueden, muy lejos de cómo quieren, y también a los niños de edades tempranas en etapa de apropiación del lenguaje,  ingresando al mismo y a los usos que de él hace el adulto, constituyéndolo como sujeto.

Es así como hablar de “compromiso”, como componente habilitador de una comunicación fluida y entendido como ese “estado de presencia en el aquí y ahora, con disposición de voluntad y disponibilidad de tiempo para escuchar y esperar el decir del otro”, adquiere absoluta relevancia.

En la vertiginosidad de los tiempos actuales en que vivimos resulta una necesidad social imperiosa tomar conciencia de la real importancia que adquiere propiciar interacciones dialógicas comprometidas en el contexto familiar y, más aún, con la tecnología vigente y el uso excesivo de la mismas, que se convierten en una interferencia cotidiana y habitual del encuentro y continuidad dialógica entre las personas, con efectos poco saludables en la población en general y en especial en la  población mencionada.

En relación al compromiso que asumen los interlocutores en el tejido del texto,  Desinano, Bardone y colaboradores 1996, expresan:

“… La denominación de participantes comprometidos tiene que ver esencialmente con el hecho de que el formar parte de una situación comunicativa como interlocutor surge como deseo, intención o motivación personal del hablante es decir como autoexigencia o como una necesidad provocada por circunstancias que no puede evadir; en ambos casos se trata de un compromiso en relación con la situación comunicativa que lo obliga a integrarse a  ella. De no ser así es decir si su participación no depende íntegramente de su deseo o no se siente excesivamente obligado por circunstancias externas podrá participar en forma no comprometida o aún no participar en absoluto manifestando una actitud no cooperativa”.

“… Un participante comprometido incluye elementos no lingüísticos como los gestos de asentimiento o de negación que manifiestan la escucha o los cambios de postura alejamiento o acercamiento del torso de quién escucha en relación con lo que el interlocutor en uso de la palabra dice. Tanto la posición que toman los cuerpos (de lado, de frente, de espaldas), como así también el acercamiento o alejamiento de los mismos, se entrelazan con la actitud de sostener o evitar la mirada y constituyen recursos fundamentales  de compromiso y/o rechazo de  la interacción”.

Ahondar estos conceptos principalmente con padres y docentes es, sin dudas, sumamente importante, tanto para la prevención, como para el abordaje terapéutico de la tartamudez.

Un padre comprometido en el intercambio dialógico con su hijo dispone de mayor capacidad para escuchar y esperar al niño cuando éste habla, interviniendo adecuadamente en sus momentos de hablar sin interferir en el decir del niño. De ésta manera, el compromiso de los padres en el encuentro comunicativo con su hijo, trae implícito la disponibilidad del tiempo necesario para escuchar y esperar con serenidad, atendiendo al contenido y no a la forma del decir del niño, respetando su lugar de interlocutor válido.

“… Cuando decimos que un participante tiende a la sincronización, a lo que nos referimos es especialmente, aunque no en forma única, al hecho de que dentro de la situación comunicativa y en relación con la interacción, organiza su hacer de modo tal de utilizar todos los recursos lingüísticos, y no lingüísticos, verbales y no verbales, en relación directa con la progresión de su propio decir y el de los otros, según lo requiera la marcha general del discurso dialógico en construcción. Introducir su producción lingüística sin superponer su entrada con la de sus co-participantes, ni tampoco dejar momentos innecesariamente vacíos entre el inicio de su participación verbal y el fin de la participación anterior de alguno de los demás interlocutores”. (Conf. Desinano, Bardone y colaboradores 1996).

“Vacío lingüístico” es definido por las autoras mencionadas, como “el silencio más o menos prolongado entre una y otra participación lingüística por parte de los participantes cubierto por miradas sostenidas o por otros elementos no lingüísticos que mantengan la sincronía de la interacción. Este tipo de vacío actúa muchas veces como recurso de un interlocutor para que el otro piense, reformule o elabore su próxima participación. Otras veces el vacío es negativo en cuanto a la sincronización porque generalmente el silencio se acompaña con una mirada que evita la del interlocutor e inclusive con una marcación mayor de distancia física entre los participantes”.

En la interacción comunicativa familiar ante un niño con “trabas” y en interacciones dialógicas con personas con tartamudez, es común  la presencia de vacíos lingüísticos negativos con reacciones como desviación de la mirada, gestos de preocupación, distanciamiento físico o reacciones verbales como: terminar la frase, indicar estrategias de relajación, corregir, o ambas; todas con significación negativa para la persona con “trabas” - tartamudez y obturante de la continuidad de la interacción y el decir de la persona.

Los interlocutores quedan atrapados en la forma del mensaje, desviándose del contenido del mismo y fundamentalmente  del compromiso de habilitar el decir del niño.

Por lo expuesto, como fonoaudióloga dedicada a la prevención y terapéutica de las alteraciones en la voz, habla, lenguaje y audición (todas áreas de la comunicación) pondero como de vital importancia considerar éste componente habilitador de la comunicación fluida, haciéndolo extensivo a las diferentes actividades reservadas de nuestro quehacer profesional. 

Colegio de Fonoaudiologos de Rosario