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Área Discapacidad: ¿Cuál es mi lugar? Alternativas para el Aprendizaje en las personas con Discapacidad

Lic. Griselda Bonet

 

Todos nos planteamos alguna vez en la vida…qué hago?, ¿cuál es mi lugar?...mi espacio de comodidad, dónde me siento pleno, dónde puedo desplegarme a mí mismo con los demás, con el mundo material y humano que me rodea. Esencialmente nos surge este replanteamiento cuando nos sentimos desubicados,  hasta a veces aislados, o simplemente incómodos.

Esto sucede también con algunos niños institucionalizados “para aprender” y no aprenden, para confraternizar y no socializan, para expresarse y no se comunican…. Es en sí un niño integrado??....sólo por ocupar un lugar físico?. ¿Tiene que aprender sólo en un sitio determinado porque esa es la “norma”?.  Y así pasan los años, con idas y vueltas, frustraciones, con la figura de un adulto acompañante jornadas completas que no se para o mira desde otro lugar, sino que es la “sombra” de ese niño. El tema es polémico.

Una verdadera integración escolar se cumple sí y sólo sí evaluamos y vemos que el niño, en cuanto persona, es feliz.  Sí tan simple, es feliz, demuestra que se encuentra cómodo, contenido, relacionado, con todo un colchón de circunstancias, vivencias y emociones que van a hacer que sí quiera aprender, y cuando quiera va a poder incorporar el contenido pedagógico, en sus tiempos personales de aprendizaje. Estará permeable porque no necesita estar cerrado a lo que le resulta hostil.

Esta hostilidad al espacio y las personas puede estar dado por múltiples circunstancias. Considero a la falta de aceptación de ese ser como un niño más, la más significativa; acompañada de la dificultad en la comunicación, en las relaciones interpersonales, en el tamaño de los espacios y cantidad de población que rodea, entre otras. 

Es por ello que vuelvo al principio ¿cuál es el lugar de ese niño, el espacio que necesita?.

Y el cuerpo aunque no hable…. Comunica, de una u otra forma comunica, sólo hay que saber ver, sólo hay que querer ver. Y si se ve, hay que atender y entender. Atender y entender hasta que esa persona nos ilumine con una mirada, una sonrisa…. 

Cuántas veces se escucha que el niño no se comunica, está aislado, no comparte, no usa sus pertenencias, no escribe, no copia, no dibuja, no participa, hasta tiene conductas agresivas. Y esto se repite, se repite. Y sí, a veces hay movimiento al respecto, de diferentes terapias, de reuniones de equipo interminables para tratar el caso. Se trata de solucionar de mil y una maneras….¿Y movimiento espacial del niño qué no lo puede hacer por sí mismo, pero sí que lo reclama con su comportamiento?...Qué difícil es pensar que no sólo el lugar más conveniente para esa persona es una escuela común, qué sólo hay maestros en la escuela común, qué sólo se enseña en la escuela común, qué sólo se va a ser feliz y se va a tener amigos en la escuela común. A veces hay que probar también, y observar y sentir. 

¿O nosotros mismos no nos apartamos de lugares en los que nos sentimos excluídos, no integrados, perturbados, con personas que no queremos estar, compartir?. Buscamos nuestra zona de comodidad.

Hay que defender la Integración, la Inclusión y lucho por ello….pero no a cualquier costo.

Está muy de moda la flexibilidad y la apertura, pero esta “Inclusión para todos”, paradójicamente está teñida de inflexibilidad. 

La Inclusión es maravillosa, pero todos somos diferentes, y diferentes son los lugares donde nos sentimos verdaderamente incluídos.

 

Colegio de Fonoaudiologos de Rosario