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El trabajo con padres de niños con Trastornos de la Comunicación y el Lenguaje

Dra. Verónica Maggio – Lic. Guillermina Trombetta

El lenguaje es la habilidad que permite el acceso a la comunicación entre personas, impulsa el desarrollo del pensamiento e interviene en los procesos de regulación emocional y conductual.

En la construcción del lenguaje intervienen dos factores: uno neurobiológico y otro ambiental. El primero se relaciona con la presencia de un grupo de neuronas especializadas en el aprendizaje del lenguaje, y el segundo, con el estímulo ambiental. Para aprender a hablar el niño necesita que le hablen, y la estimulación interpersonal es irremplazable.

En el desarrollo típico, el aprendizaje del lenguaje ocurre de manera incidental, sin hacer esfuerzo consciente. Los padres suelen hablar a sus hijos desde el mismo momento en el que nacen sin esperar respuesta verbal alguna, ese estímulo continuo asociado a las situaciones cotidianas permite al niño conocer el entorno inmediato y las palabras que lo describen.

En la secuencia de adquisición normal del lenguaje, el niño debe estar comunicado con el entorno antes de aprender a hablar. Al año, se comunica con señalamientos y miradas; alrededor de los 18 meses aparecen las primeras palabras; a los 2 años, la media de los niños cuenta con un repertorio de 50 palabras y comienzan a hacer frases de 2 palabras (“papá auto”). A los 3 años puede armar frases simples con conectores (“Mamá quiero tomar agua”), para llegar a los 5 con el lenguaje básico completamente adquirido con unas 5.000 o 6.000 palabras. Pero, ¿qué ocurre cuando el aprendizaje del lenguaje se ve lentificado o alterado?

En estos casos, es donde se pide la participación del fonoaudiólogo y de acuerdo con el tipo de cuadro la intervención pasará por dar exclusivamente pautas a padres (Ej: niño de 2 años con retraso del lenguaje sin otras complicaciones), mientras que  en la mayoria de los casos, los niños requerirán ayuda profesional y familiar para salir adelante.

En la intervención cotidiana, se suele pedir a los padres que aguarden en la sala de espera, mientras sus hijos  trabajan dentro del consultorio. Al final de cada sesión, se suele realizar una devolución de no más de diez minutos, en donde se intenta transmitirlos objetivos terapéuticos que deben realizar en sus casas pero muchas veces sólo con decirlo no alcanza, los padres necesitan ver que y como hace el trabajo el terapéuta para poder adaptarlo al hogar.

Está científicamente demostrado que los mejores resultados a los tratamientos, son aquellos donde los padres han podido participar y ser parte activa del trabajo con sus hijos (Olson, SL, Bayles, K. y Bates, JE (1986). Girolametto (1988), Tannock, Girolametto, y Siegel, (1992). Algunos de los programas  con evidencia científica de efectividad para trabajar con los padres son los que se proponen desde el centro Hanen de Canadá,  donde se han creado los programas Hablando nos Entendemos los dos - Usted hace la diferencia. A. Manolson (1992). y el programa Más que palabras F. Sussman, 1995. Los mismos constan de reuniones donde se enseña a los padres a desarrollar sus propias herramientas teniendo en cuenta las preferencias sensoriales de su hijo, el estilo de aprendizaje y la etapa comunicativa en la que se encuentra. Con la ayuda de sesiones de filmación en el hogar, comienzan a ser capaces de autoevaluarse y observar sus progresos.

 

¿De qué manera realizar el trabajo con los padres?

Cuando se inicia un tratamiento con un niño  pequeño, son los padres quienes van a informar acerca de las preferencias e intereses del niño y de este modo  poder recabar información sobre la forma en que conoce ese niño el mundo que lo rodea. 

Para ello, en una primera instancia, se propone a los padres que observen durante algunas sesiones al niño. Luego, se realiza una reunión  para poder evaluar qué han observado y desde ese espacio,   se hace hincapié en la aplición de  estrategias tales como: la organización del ambiente, la modalidad en la presentación de los estímulos verbales y visuales; la espera en los tiempos de respuesta; y la aplicación de estrategias para favorecer la expresión como el uso de la inducción, el habla paralela, el modelado, la reformulación   y  la expansión de los enunciados del niño

Una vez que comienzan a interiorizarse y a reconocer estrategias tendientes a favorecer la comunicación con el niño, se les propone   que participen en alguna actividad organizada por el terapeuta. Posteriormente, se pide a los padres que sean ellos quienes dirijan el juego o la actividad.

Sesiones de filmación de videos son útiles para poder luego rever y analizar las distintas oportunidades comunicativas que se han generado.

Como menciona Monfort en su libro Estimulación del Lenguaje Oral, “Se trata de reforzar su propia imagen como padres, valorándola como valiosa e insustituible, diferente a la de cualquier otro adulto”.

 

A propósito de un caso clínico: 

L, de 4 años 6 meses de edad, tiene diagnóstico de Trastorno Mixto del Lenguaje incluido dentro de un Trastorno de la conexión comunicación, donde coexisten serias dificultades conductuales y sensoriales.

A nivel lingüístico, el niño presenta dificultades mixtas,  se observaba la presencia de ecolalias directas y diferidas, sin acceso al significado de los enunciados.

Se comenzó a trabajar con el niño, con la presencia de la madre dentro de las sesiones de tratamiento. Luego de  varias observaciones, se realizaron reuniones con ella para conversar sobre las mismas. 

A partir de allí se transmitieron a la madre  los principales objetivos del tratamiento: 

- Fortalecer los prerrequisitos del lenguaje que se hallaban parcialmente conservados: el contacto visual, la atención conjunta, los gestos protoimperativos, etc

- Se inició la enseñanza a la madre de un sistema de comunicación aumentativo ( comunicación bimodal) 

La madre comenzó a participar activamente en las sesiones. En ese entorno, aprendió cómo debía colocarse para estar al mismo nivel de su hijo y fomentar así el contacto visual, y de ese modo, poder dar el niño la oportunidad de visualizar su rostro y observar cómo se producen los diferentes sonidos del lenguaje. Aprendió que para fomentar que L inicie interacciones, ella debía esperar, observar y escuchar en qué estaba interesado el niño; seguir su liderazgo y a partir de aquí introducir nuevos aprendizajes.

También aprendió que para que su hijo comprenda mejor el lenguaje, el entorno debía estar más estructurado, más organizado y para facilitarlo, los estímulos debian  presentarse de a uno, de una manera más ordenada y pausada. 

Por otro lado, aprendió a utilizar el sistema de comunicación aumentativo para ayudar a su hijo, cómo implementarlo en su hogar, y de qué forma poder transmitírselo también a los familiares más cercanos que presentaban un trato asiduo con el niño.

Los resultados en L han sido muy positivos, comenzó a estar más interesado en las personas que lo rodean; a permanecer más tiempo en una interacción; a poder comunicarse de una manera más apropiada y  a comprender mejor el lenguaje. Estos cambios son bidireccionales, la familia aprendió y esto ayudó a L a mejorar y con sus mejoras, L tiene mayores iniciativas con lo cual el circuito de la comunicación se ve reforzado.

A continuación, se mencionan 10 recomendaciones básicas  para padres de niños con dificiultades del lenguaje:

1) No permitir el uso de teléfonos o tablets a niños menores de 2 años (esto está recomendado por la Organización Mundial de la Salud). En niños entre 2 y 5 años, limitar el uso de estos dispositivos a 1 hora una vez por semana. 
2) Hablar mirándolo a la cara y poniéndose a su altura.
3) Hablar lentamente acentuando especialmente las palabras más importantes.
4) Utilizar frases cortas.
5) Usar gestos y señalamientos acompañando las palabras. Éstos colaboran a mejorar la comprensión y la evocación.
6) Brindar contenidos funcionales, es decir, facilitar el uso de palabras que sirvan para comunicarse. Evitar la enseñanza repetitiva de números y colores cuando el niño aún no conoce palabras simples para comunicarse.
7) Narrar brevemente las rutinas anticipando lo que va a ocurrir próximamente. Por ejemplo: “Ahora vamos a comer, después vamos a dormir”.
8) Entablar pequeños diálogos en donde el niño deba responder por sí o por no, o con preguntas de alternativas, si es que aún no cuenta con demasiadas palabras. En lugar de preguntar “¿Qué hiciste hoy en el jardín?” (lo cual requiere contar con mucho lenguaje), sería recomendable preguntar, “¿Jugaste en la casita?, para que la respuesta sea sí o no; y “¿Jugaste con los bloques o con la casita?”, para que la respuesta sea una de las dos. 
9) Cuando el niño produce de manera defectuosa una palabra o una frase, el adulto debe repetirla de manera correcta lentamente pero no obligarlo a que él lo haga.
10) Leer libros de cuentos simples con imágenes en donde el niño pueda interactuar señalando y nombrando palabras.

Es fundamental , la detección y la intervención precóz para disminuir los efectos negativos de las alteraciones linguisticas y sus posibles consecuencias sobre la conducta, la socialización y el aprendizaje, para esto tanto la intervención en el consultorio como el trabajo con padres resultan esenciales.-

 

Colegio de Fonoaudiologos de Rosario